Córdoba (Enviado especial, Horacio A. Finoli)
La voz del ministro de Educación, Alberto Finocchiaro, fue absolutamente inaudible hoy cuando habló ante casi quinientos rectores latinoamericanos en la apertura de la cumbre universitaria regional que pasa revista a los problemas más urgentes de las aulas superiores en un contexto de achique presupuestario y desconcierto frente al avance de las nuevas tecnologías, así como de la educación virtual que tiene tantos adeptos como la enseñanza presencial.
La Conferencia Regional de Educación Superior 2018 (CRES/18), organizada por la UNESCO, la Universidad Nacional de Córdoba, el Consejo Interuniversitario Nacional y el IESALC, fue copada en la inauguración por un puñado de estudiantes y docentes que, en el estadio Orfeo Superdomo del barrio Alto Verde en la periferia de la ciudad, abuchearon permanentemente el mensaje del funcionario, que optó por calificar de “actitud fascista” a los revoltosos, mientras los silbidos se hacían ensordecedores.
“Mentiroso”, “Caradura”, “Universidad de los trabajadores/Y al que no le gusta/Se jode/se jode” fueron algunos de los cánticos que bajaban de las tribunas superiores de las gradas donde se concentraron legisladores nacionales, unos 500 rectores de América Latina y el Caribe, diplomáticos de países vecinos, expertos del sector y profesores de varias casas de estudio.
Finocchiaro fue el último y frustrado orador de un acto en el que hablaron el coordinador del encuentro y ex-rector de la Casa de Trejo, Francisco Tamarit; el titular del Instituto de Educación Superior de América Latina y el Caribe-UNESCO (IESALC),el chileno Pedro Henríquez Guajardo; el dueño de casa, Hugo Juri; y la directora de Educación de la UNESCO, la italiana Stefanía Giannini.
Tamarit dijo que “seguiremos luchando hasta que los buenos políticos entiendan que si no se invierte en educación superior, condenamos a las mayorías a la marginación”; para Henríquez Guajardo la “cobertura (porcentaje de la población que va a la universidad) alcanza al 48 por ciento pero está concentrada en ocho países de la región”.
Juri recordó la pelea de los universitarios mundiales contra la OMC (Organización Mundial de Comercio) cuando este organismo señaló en los 90 que ese segmento del conocimiento es un “bien transable”, pero “le respondimos que se trata de un derecho humano de todos, no negociable”; mientras que Giannini se ganó cerrados aplausos al destacar que la misión central de la UNESCO “en camino a la agenda 2030 de educación de calidad para todos, es erradicar la pobreza, respetar la libertad de expresión e incluir a todos desde la educación”.
La amplitud térmica mediterránea (de 0 grado x la mañana hasta 18 en la tarde) apenas reflejaba la impronta de la multitudinaria reunión -10.468 inscriptos- y diez libros que vieron la luz con la agenda del debate, hasta el momento; diseminado entre ese estadio con capacidad para 12.000 espectadores y el Pabellón Argentina de la Ciudad Universitaria escenario, como se sabe, de las revueltas callejeras estudiantiles en el 69, un año después del mayo parisino.
En el anochecer del lunes, con bastante menos público, el director del Centro de Estudios Sociales de Portugal, Boaventura de Sousa Santos, habló sobre: “Los dolores que quedan son las libertades que faltan…para continuar y profundizar el Manifiesto de 1918”, acerca del grito revolucionario de fines de esa década del siglo veinte, cuyo centenario se cumple esta semana, parafraseando al autor del Manifiesto Liminar de ese movimiento, Deodoro Roca.
Empero, la saliva que tragaban casi todos los miembros del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN, donde están los rectores de las 58 instituciones públicas de educación superior del país) no era por el incidente que hizo que no se escuchara el mensaje de Finocchiaro, sino por desconocer lo que pasará la semana próxima en Buenos Aires cuando representantes del organismo tengan otro encuentro en la Casa Rosada para saber de cuánto será el recorte presupuestario al sector, sobre los casi 100.000 millones de pesos que tiene actualmente.

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