Netflix en la universidad

Las carreras no responden a las necesidades”, dicen en un contexto en que las habilidades son más importantes que su acreditación. El cambio que experimentaron las plataformas de e-learning
Los desafíos de la universidad son los mismos: conservación, incremento y transmisión de la cultura. Lo que cambió, dice Alberto Taquini, miembro de la Academia Nacional de Educación y creador del Plan de Nuevas Universidades, es que los tres retos dejaron de ser patrimonio exclusivo de ella.

Dos hechos marcaron el cambio. “Las bibliotecas, en una etapa fundacional, concentraba el conocimiento y eso simbolizaba su poder. Hoy el saber pasó a la nube, en donde está casi en su totalidad y en libre disponibilidad”, explicó Taquini en la conferencia Nuevas universidades para un nuevo estudiante. “Por otro lado, el rol prioritario y casi exclusivo que en la investigación básica tuvieron las universidades se está transfiriendo a empresas transnacionales, principalmente las farmacéuticas”, agregó.

Antes se observaba a la formación desde arriba -las instituciones- hacia abajo -los estudiantes-. “Hoy miramos la educación ascendentemente, desde un estudiante conectado al mundo a través de la tecnología, que desafía los cánones tradicionales de la instrucción y las fronteras formales de las instituciones y los estados”, aseguró Taquini.

En un comienzo, las plataformas de e-learning buscaban validarse a partir de las universidad. Perseguían acuerdos para que ese prestigio se replicara en estudiantes. Con el tiempo, la concentración de la demanda fue tal las casas de estudio pasaron a requerir los servicios de las plataformas para promover sus cursos. Asimismo, la maquinaria de datos -entre información de contacto, interés por usuario, contenidos vinculados, trayectorias, tiempos- permite la confección de los famosos MOOCs en asociación con empresas. Al igual que Netflix, que primero buscó al cine y hoy genera su propio contenido.

El modelo Netflix, explican, se traduce en dos ejes:

-Manejo de los contenidos: las plataformas registran los datos de los estudiantes para generar, circular y sugerir contenidos de manera personalizada, con mayor aproximación al estudiante gracias a algoritmos cada vez más potentes.

-Acceso a los contenidos: los estudiantes pueden acceder on-demand o desde la preselección de la plataforma a la temática que les interesa, a una lección específica o a un paquete de contenidos.

Edgardo Esteves, Presidente de PRETECO, representante de BlackBoard en el país, dijo a Infobae que la plataforma no utiliza por sí misma la Big Data, pero sí sus organizaciones asociadas: “Universidades, empresas y organismos del Estado apuntan a mejorar la performance de una enseñanza adaptativa, centrada en el alumno y brindan información a los educadores para mejorar métodos y contenidos”, puntualizó.

Para Roberto Igarza, miembro de la Academia Nacional de Educación y la CONEAU, “no se trata de un paradigma de reemplazo, sino que son paradigmas de acumulación”. El experto sostuvo: “Es importante que sepamos que estamos hablando de contenidos y experiencias, mucho más que de tecnología en sí misma. Tenemos una nueva oportunidad: el sistema universitario está adoptando las disposiciones para darle cabida a algo que fue subvaluado hace décadas”.

En la misma línea, Bruno Interlandi, chief marketing officer de la plataforma Wormhole, indicó: “No creo que sea inteligente prescindir de las universidades sino más bien asociarse con ellas estratégicamente, aportando cada organización su know how específico, para crear una propuesta conjunta. Vemos más una colaboración que una competición”. Por ejemplo, en 2018 comenzarán a coproducir con una universidad bonaerense cursos de negocios con el sello de esa institución.

La situación en Argentina

Hoy en Argentina dos tercios de la matrícula en educación superior se asocia a más de 100 universidades. El tercio restante lo comprenden institutos técnicos y de formación docente. Uno de cada cinco estudiantes de universidad privada toman la modalidad a distancia. En las públicas, solo uno cada cuarenta. La mayoría de los jóvenes prefiere el sistema de educación superior formal que certifica sus conocimientos más allá de la adquisición de competencias en sí mismas.

En el mundo ya es moneda corriente. Las principales casas de estudio buscan a las plataformas para impartir cursos masivos e incluso posgrados. Pese al contexto, algunas universidades locales también se acercan al e-learning. Tal es el caso de la Universidad de Córdoba que se convirtió en la primera latinoamericana en sumarse a edX, creada por el MIT y Harvard, con un curso sobre ondas gravitacionales. Por su parte, la Universidad Austral se alió con Coursera y ofrece cursos de negocios, marketing digital e interés general.

“Ya no importa tanto aprender conocimientos específicos, que se vuelven obsoletos velozmente, sino que se trata de aprender a aprender en forma continua”, señaló Edgardo Zablotsky, miembro de la Academia Nacional de Educación y vicerrector de UCEMA. “El estudiante cada vez más tiene la libertad para armar la currícula que desea y elegir los cursos que ofrezcan en distintas universidades del mundo. Esto se va a acelerar cuando en las búsquedas laborales no se requiera un título, sino una certificación de conocimiento, principalmente en aquellas áreas donde el título no es habilitante”.

Alejandro Melamed, director general de Humanize Consulting, dijo a Infobae: “Las carreras no responden a las necesidades. Se valorará más las habilidades puntuales que la acreditación de esas habilidades. La única diferencia se da en aquellas en que la certificación es requisito para ejercer como escribano, odontólogo, médico, contador. Lo más imoprtante es qué sabés y no qué título tenés. Si no, habría que pensar en una re-certificación cada seis meses”.

Eduardo Bavio, secretario académico de la Universidad Blas Pascal, pionera en la incorporación de la modalidad virtual en 2000, sostuvo la importancia de los títulos “oficiales”, aunque también remarcó: “Los alumnos que cursaron en la modalidad online están convencidos por experiencia propia que lo que aprenden es tanto o más que en la presencial porque, además, agregan algo que la mayoría de las veces no existe en la presencial: organización, responsabilidad y una conducta de estudio constante”.

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Fuente: Maximiliano Fernández para www.infobae.com
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