Hay que pertenecer, por Adriana Strupp

¿De qué y por qué sufren nuestros niños y adolescentes? ¿Qué los  deprime tanto?
¡El desesperado intento por pertenecer, acosta de lo que sea  ¡incluida la vida misma!
 “¿Qué está dispuesto a hacer, o a callar, un niño o un adolescente para pertenecer?”.
Como seres humanos, somos seres gregarios. Nacemos dentro de una sociedad sin la cual no podríamos sobrevivir.
Sin embargo, es ésta misma sociedad la que nos está exigiendo entregar la vida misma hasta su último aliento, siendo los más vulnerables los niños y adolescentes.
Por esto es que me he dedicado como Lic. en Psicología a la prevención de psicopatologías sociales en niños y adolescentes; todas las que uno pueda imaginarse: sexualidad, anorexia-bulimia, alcoholismo-drogadicción, abuso y violencia. Todos mis libros están escritos sobre estos temas y basados en historias reales.
¿Cuál es la importancia de  trabajar con este material (libros y charlas) en los colegios?
 Porque si hablamos de abuso y violencia, tenemos que saber que más del 80% de los abusos son intrafamiliares. Motivo por el cual, es en las escuelas donde podemos observar, diagnosticar y proveer de ayuda a los niños y jóvenes. Otra de sus razones para priorizar los ámbitos educativos es que: “la decisión de dejar el alcohol, las drogas, el sexo descuidado, las dietas extremas  etc. siempre es individual, pero es mucho más fácil sostenerla cuando es acompañada por los pares que, en la adolescencia, tienen una influencia suprema y pesan más que la familia misma”.
Escuchando a los niños y jóvenes, decidí escribir estas historias de vidas reales, preservando la identidad de los protagonistas. Están llevados como novelas para que llegaran directo al corazón; situaciones con las que los adolescentes pudieran identificarse, y en su propio lenguaje.
¿Cuántas veces ya escucharon que no hay que tener relaciones sexuales sin usar preservativo? ¡Miles! ¿Por qué no lo usan? Porque no alcanza con el saber intelectual. Hasta que el “tema” no atraviesa el corazón, los “conocimientos” flotan en vacío, como si hubiera un cortocircuito entre lo que saben y hacen.
Titulo a mi colección “Un paso antes”. Porque la intención es prevenir ANTES de que la enfermedad se instale o llegue la muerte. Por ejemplo no es lo mismo coquetear con la comida que padecer de anorexia.
Si tuviera que resumir qué hago en las escuelas, respondería: “Enseño a nadar contra la corriente” “No tengo que alcoholizarme  para ser como las demás, y si me quedo sola, me la banco porque confío en que en algún momento encontraré con quien estar y pasarla bien estando sobria.”
Trato de ayudarlos a poner en funcionamiento las emociones de manera inteligente: el cuidado y amor a uno mismo y a los demás.
Mis charlas podrían asemejarse a un juego donde se evidencia lo claro sobre lo oscuro. Hablando con los jóvenes les pido que rescaten, que recuerden  momentos de felicidad y los describan. Entonces escucho escenas simples pero valiosas, como el día en que una chica sonrió al nombrar a las amigas que la acompañaron con un mate cuando se peleó con el novio; otra en la que algunos chicos valoraron el tercer tiempo de un partido de fútbol, etc.
Después de escuchar un rato les pregunto si en esos momentos  estaban sobrios o borrachos, si las amigas que abrazaron eran  chicas altas, rubias y  esbeltas, si estaban bien o mal vestidos, si viajaban en un auto último modelo o calzaban zapatos con tacones altos.
La evidencia de lo ridículo los hace sonreir y repensarse.
A partir de las lecturas y las charlas empiezan a registrar y registrarse, que no vale la pena regalar sus vidas para pertenecer, que las felicidades mayores vienen sin aditivos ni tacos altos.
Todos mis libros ofrecen, al final, una transformación, una puerta de salida. ¿Adónde abre? “Al convencimiento de que sólo siendo él mismo, el adolescente va a poder ser feliz y disfrutar de la vida. Que crecer no debería ser tan caro. Que sean felices”
A veces les pregunto   ¿qué pensás que hay en el corazón de tus compañeros/as? y ¿qué pensarán ellos/as que hay en el tuyo? 
Y cuando se quitan las máscaras, vemos que todos sufren por igual intentando ser quienes no son, viviendo de apariencias y no de esencias.
“… vivimos en  la era de la soledad… nos entrenan para pensar que deberíamos perseguir la felicidad comprando, gastando y consumiendo, y  consumiéndonos de manera individual  sin incluir a los de los demás.”
Preguntate:
1.       ¿Qué parte de tu vida estás regalando para que tu grupo o familia te acepten?
2.       ¿Hasta cuándo vas a seguir regalando tu vida?
3.       ¿Vale la pena?
4.       ¿Tomás mucho alcohol porque todos lo hacen?
5.       ¿Tenés relaciones sexuales de cualquier tipo y con cualquier persona sin desearlas de verdad?
6.       ¿Te matás de hambre o en el gimnasio para que piensen que tenés un cuerpo perfecta/o?
7.       ¿Robás para ser uno más de banda?
8.       ¿Molestás a otros o los golpeas para sentirte más fuerte?
9.       ¿Te sometés a cirugías estéticas para “parecer” lo que no sos?
10.   ¿Guardás silencio cuando abusan de vos para poder seguir siendo parte de la familia?
 
Si alguien te  “acepta” o “quiere” obligándote a mostrarte distinto/a a quien sos ¿en serio te quiere? ¿o quiere a tus “siliconas”? Sólo por poner un ejemplo.
 
Del diario de Daniela de 15 años:
“… quizás algún día se den cuenta que mi nombre no es “la gorda”
Me llamo Daniela.
Todo daría por ser aceptada
¡Todo!
¡Hasta mi vida!
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