El quechua, lengua universitaria argentina

3 - info gralEx villero de la 31, amigo del cura Carlos Mugica y militante social, Carmelo Sardinas Ullpu, reivindica la enseñanza de una lengua originaria –en este caso el quechua– y las luchas que le dan vida. “La peor pobreza es no saber hablar bien el idioma de uno, no saber hablar y escribir claramente ese idioma”. Hoy enseña en distintas universidades nacionales.

“No tomo Coca-Cola. Un tocayo mío, Don Carmelo, acaba de cumplir 124 años, vive en los cerros más altos de La Paz y sólo bebe agua de deshielo, come chicharrón de zorrillo tres veces al año, se pone gotas de sangre de lagarto en sus ojos para limpiarlos. Y, cuando le duele algo, lava su cuerpo con el alcohol que remoja antes en serpientes. Yo, en cambio, me atrevo a un compuesto hecho de té y limón, apenitas”. Así, Carmelo Sardinas Ullpu, nuestro Carmelo, profesor de quechua, ex integrante del Movimiento Villero Peronista y ahora defensor de la causa de los pueblos originarios, cuenta que enseñar quechua impone una filosofía de vida cotidiana. “No soy como aquel otro Carmelo, pero trato de imitarlo con lo que puedo. Me tomo un café con leche, sí, eso debo decirlo, pero me alimento con algas de río.” Carmelo nació en 1942, y tiene una vasta trayectoria en el movimiento antes llamado indigenista.

–La coca no es cocaína…
–Por supuesto que no. Eso hoy lo sabe hasta un niño.

–Al llegar desde Bolivia a la villa de Retiro, ¿cómo lo trataron los nativos argentinos?
–Muy bien. Yo llegué a la Argentina desde la nación Wisija (hoy es Bolivia, lector), en 1966, directo a la Villa 31. Y enseguida fui a la capilla del padre Mugica a ver un partido de fútbol. Fui una vez más, a la semana siguiente. Y ahí Carlos se me acerca y me invita a que me una a él. “¿Cómo puedo yo aceptar su invitación, si su Dios y todita la Iglesia católica fue quienes sometieron a mis antepasados y nos robaron todo el oro?”, le dije yo con mucha amabilidad. Y ahí Carlos me contesta: “Mi amigo, todos somos hijos de esta madre prostituta.” A partir de ahí fui siempre a su Iglesia, y además me hice villero y peronista.

–Y ahora, pro pueblos originarios…
–Es que con la represión y la muerte de 18 amigos en la dictadura, yo me fui a Hurlingham, donde vivo hoy. Con la democracia pasé a entender que ya era hora de dejar de añorar la lucha armada y pasé a defender una lucha cultural, pacífica y espiritual.

–Y estudió quechua…
–Comencé a formarme en la enseñanza del quechua. Además de involucrarme en la defensa de mis antepasados y de todos los pueblos sometidos originarios. Enseño quechua en la Universidad de La Matanza, en la Universidad de San Martín (UNSAM), en la Facultad de Agronomía de la UBA, y en el Centro Universitario de Idiomas.

–¿La UNSAM fue la primera que aceptó un curso de quechua?
–De quechua y guaraní, en 2006. Allí me abrieron las puertas. La UNSAM fue la primera universidad en admitir cursos de idiomas de pueblos originarios.

–¿Por qué le parece importante enseñar quechua?
–Porque es la entrada a un mundo que sigue siendo amenazado, aún con todo lo que está haciendo por evitarlo el gran Evo Morales. El idioma es la base del conocimiento de una cultura. La peor pobreza es no saber hablar bien el idioma de uno, no saber hablar y escribir claramente ese idioma. Porque el que no sabe expresarse bien, no sabe pensar bien, no sabe conocerse bien, ni conocer a los demás, a los otros.

Fuente: Sergio Di Nucci para www.elarcadigital.com.ar

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