Antonio Hall: al maestro con cariño

Antonio Hall, profesor emérito de la FAUBA y uno de sus principales referentes académicos, repasa su historia vinculada a la facultad y al cultivo del girasol, y advierte sobre el rol de la ciencia en los tiempos del cambio global.

A comienzos de la década del `60, cuando comenzó a estudiar en la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) motivado por la posibilidad aprender sobre la producción de ovinos, Antonio Hall no imaginaba que con el tiempo se convertiría en uno de los principales referentes de la facultad.

Hall es profesor emérito de la FAUBA y sus investigaciones en fisiología vegetal y, en particular, sobre el cultivo del girasol cuentan con el merecido reconocimiento de la comunidad científica de la Argentina y del exterior. Tal es así que en agosto de este año, durante el Congreso Internacional de las Ciencias de los Cultivos Extensivos celebrado en Brasil, se dedicó un simposio especial en su honor, bajo el lema “Avanzando en las fronteras del cultivo a través de una comprensión fisiológica”.

“Vine a la facultad para estudiar ovinotecnia. Pero cuando cursé esa materia no me gustó y, en cambio, me encantó el curso de Fisiología Vegetal que dictaba Alberto Soriano”, recuerda hoy en su modesta oficina del Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas a la Agricultura (IFEVA), que comparten la FAUBA y el CONICET. A partir de entonces, Hall se convertiría en uno de los principales discípulos de Soriano, participaría activamente en su equipo de trabajo más íntimo y con el tiempo llegaría a dirigir algunas de sus principales creaciones, como el IFEVA y la Escuela Para Graduados (EPG). Pero sobre todo, aprendería a abrazar su verdadera vocación: la investigación.

Por recomendación de su maestro, Hall viajó a Australia para hacer un doctorado en Ciencias Biológicas entre 1970 y 1973 y formó parte de una camada de científicos que por aquellos años continuó con sus estudios de posgrado en el exterior y que luego dio origen a algunas de las principales líneas de investigación de la FAUBA.

“Soriano trataba de trasmitir la importancia de ir al exterior a hacer un doctorado y conocer diferentes sistemas. Trataba de aumentar la diversidad entre los docentes de la cátedra, con una visión sistémica”, afirma. Tanto fue así que, a su regreso de Australia, Soriano lo invitó a trabajar en otra cátedra. “Pero no hubo caso, yo no quería saber nada”, aclara.

Una vez de vuelta en la Argentina, Hall comenzó a realizar los primeros ensayos con maíz en la FAUBA. “Significaba la posibilidad de empezar a trabajar con variabilidad genética dentro de una especie cultivada, frente al desafío de la sequía”, recuerda.

- Sus primeros trabajos fueron en maíz, pero hoy su especialidad es el girasol. ¿Cómo ocurrió ese cambio?

- Cuando regresé al país, en 1973, la situación era muy complicada. Casi no se podía investigar. Trabajábamos a contrapelo, con mucha dificultad y pocos fondos. En 1981, cuando las posibilidades de conseguir financiamiento seguían siendo muy difíciles, la compañía de semillas Continental (cuyo programa de mejoramiento actualmente se desarrolla en Advanta), se interesó en nuestros trabajos, pero quería que investiguemos en girasol, no en maíz. En ese tiempo, el girasol recién estaba despegando, con la introducción de los híbridos. Desde entonces me quedé enganchado con el girasol.

Ese año empezamos a hacer ensayos con el semillero en Junín, provincia de Buenos Aires. Podíamos viajar hasta ahí porque Soriano consiguió que el INTA nos prestara una camioneta de descarte, que hoy no hubiera pasado ninguna revisión técnica. Con esa camioneta, otros docentes también hicieron algunos viajes de estudio a la Patagonia.

En 1986, Hall asumió la coordinación de la maestría de Producción Vegetal, rol que cumplió durante una década, antes de reemplazar a Soriano en la EPG, de la que también fue director durante siete años hasta 2004. Luego sucedió en el IFEVA a la dirección Rodolfo Sánchez, donde fue director hasta 2008.

- ¿En qué se concentran hoy sus trabajos?

- En varias cosas. Colaboro con el Centro Regional de Investigaciones La Rioja (CRILAR), ubicado en Anillaco, en trabajos sobre el olivo. Allí comparto la dirección de algunos estudiantes de maestría y doctorado, y hay muchos intercambios y viajes de investigación de alumnos de la FAUBA.

Además, aquí en el IFEVA, soy codirector o director de tesis de becarios y de una docente de la cátedra de Cultivos Industriales, en temas vinculados con la fisiología del girasol. Junto con la asociación que reúne a la cadena del girasol, ASAGIR, estudiamos las brechas de rendimiento del cultivo, entre lo potencialmente lograble y el rinde que alcanzan los productores. Ese estudio demostró que ya existe una brecha importante entre ambos rendimientos.

- ¿Cómo evalúa la situación actual del girasol y su potencial?

- Hoy el girasol ocupa la mitad de superficie que en su momento más álgido, debido a las decisiones económicas que se imponen al sistema de producción agropecuario. Con una retención de 35%, el girasol sólo puede ocupar ciertos nichos el NEA, en el oeste y sudeste de la provincia de Buenos Aires y en La Pampa. Los productores quieren tener un portfolio de cultivos para cubrirse de riesgos, y ahí el girasol puede ocupar un lugar. Si la ecuación financiera cambiase, sería otro cantar.

Con ASAGIR estudiamos las brechas de rendimiento del girasol. Este trabajo ya lo publicamos y ahí determinamos que podríamos llevar el rendimiento promedio del país hasta las 2,3 tn/ha, respecto de las 2 tn actuales. Ese aumento de producción, multiplicado por las 2 millones de hectáreas que se siembran en la Argentina, es un número significativo.

Además, en el contexto actual de crecimiento de la población mundial, el cierre de las brechas de rendimiento puede ser una de las alternativas para mitigar la crisis de seguridad alimentaria que se puede avizorar hoy, junto a otras herramientas, como el mejoramiento genético, la reducción del uso de granos para producir energía, la reducción de pérdidas en pos cosecha y en la cadena alimentaria, etcétera.

- Pareciera que los tiempos apremian. En su escritorio están las fotos de sus nietos, que tienen 4 y 8 años, y ellos van a vivir los cambios que se están generando ahora ¿Cómo responde la ciencia a ese ritmo acelerado con el cual se desarrollan los cambios?

- Buena parte de la investigación que se hace en relación al cambio global y los cultivos extensivos todavía es deficiente, porque no tenemos el conocimiento que nos permita entender qué puede pasar realmente.

Por ejemplo, la frecuencia de episodios de altas temperaturas claramente ya está aumentando. Tenemos muy poca información sobre cómo responden los cultivos a ese fenómeno. No sabemos si hay un límite biofísico absoluto que se aplica a todas las especies cultivadas, ni si dentro de las especies cultivadas hay variabilidad genética para su respuesta a episodios de alta temperatura. No hay nadie que esté mirando esto en detalle. Si no nos ponemos a hacer investigaciones que partan del hecho de que el cambio global está ocurriendo, nos va a agarrar mal parados.

- Por último, además de investigar, en la facultad se estudia y se hace extensión ¿Cómo ve la articulación entre esos tres pilares?

- Siempre va a haber tensión entre la docencia y la investigación, en todas las instituciones universitarias del mundo. Lo importante es que la docencia se degrada muy rápidamente si no hay una inversión en investigación que mantenga al cuerpo docente en estado físico. El peligro que se corre ahí es que empezamos a enseñar de libros. Si no mantenemos un equilibrio razonable y lo exigimos, corremos el peligro de degradar el sistema.

Existen otros peligros. Hay investigadores que buscan minimizar su tarea docente a nivel de grado y hacer más docencia de posgrado. Hay que cuidar eso. Tal como está estructurado ahora el incentivo docente, creo que hay mecanismos a mano para manejarlo. Lo mismo pasa con la extensión. No se puede hacer extensión pura, tiene que tener una raíz en la investigación.

Las tensiones existen y van a seguir estando. Hay que manejarlas para que vayan hacia un equilibrio sustentable. Porque el objetivo declarado de la universidad es hacer enseñanza, investigación y extensión.

Fuente: www.agro.uba.ar

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