Adiós a Mario Trejo, una gran voz de la poesía argentina, por Bárbara Álvarez Plá

La semana comienza con un vacío para los amantes de la poesía. Se fue Mario Trejo, el poeta de la irreverencia y la ironía, ese que atravesó diferentes épocas de la producción poética latinoamericana, pero al que nunca se pudo incluir bajo ningún “ismo”.

Había nacido en Buenos Aires en 1926, y tras vivir en Egipto, España, Israel o Chile, entre otros países, volvió a la ciudad en 1989, de donde ya no volvería a irse. Hasta el domingo, cuando se encontró con la muerte, el único lugar común del que no pudo escapar.

Ayer, a las cuatro de la tarde, fue cremado en el cementerio de la Chacarita, en un acto íntimo, con amigos, como los escritores Miguel Brascó o Mariano Schuster y Reynaldo Sietecase y el editor Daniel Divinsky, entre otros, que leyeron algunos de sus poemas. También estaba Fernando, un cura villero muy cercano al poeta. Y su joven esposa María Fernández, con quien se casó en 2010 por civil. El sábado a la tarde hicieron el casamiento religioso en el Sanatorio Güemes, donde Trejo estaba internado. El poeta dio el sí, celebró con un whisky y un minuto después recibió la extremaunción.

Inquieto y polifacético, fue cofundador de las revistas Lamadrid y Poesía Buenos Aires y Secretario de redacción de Letra y Línea, dirigida por Aldo Pellegrini.

En 1946 aparece su primer libro, “Celdas de la Sangre”, y en 1964 llega El uso de la palabra , que le valió el premio Casa de las Américas de Cuba y se convirtió en un objeto de culto.

Su famoso poema “Los pájaros perdidos”, título que también lleva su último libro, de 2010, fue musicalizado por Astor Piazzolla, e interpretado por más de una veintena de artistas. Hasta en el cine y la televisión tuvo un lugar, llegando a trabajar, como guionista y como actor, con el director italiano, Bernardo Bertolucci.

Se inició como periodista en el diario La Prensa, y dirigió la sección de Artes y Espectáculos de la revista Primera Plana. De su pluma salieron entrevistas a personalidades como Borges, el Che, o Yasser Arafat, entre otros.

“Era la cara oscura de Gelman”, dijo ayer Sietecase. “Es incomprensible que haya sido invisible para las editoriales”.

Fuente: www.clarin.com

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