A propósito del populismo de Laclau, por Marcos Cynowiec

Se ha dicho que el mito es el relato a través del cual una colectividad conformada trasmitía de generación en generación, la representación que esa colectividad, se hacia de su origen. Una ligera mirada sobre distintos colectivos nacionales, religiosos o políticos, nos muestra que los mitos atraviesan y alimentan cada una de esas experiencias históricas. Este trabajo pretende desgranar en la dimensión política, cosmogonías, batallas heroicas y épicas emancipadoras. En otras palabras, observar como las sociedades humanas construyen su realidad mediante símbolos, ideologías e imaginario social.

El libro de Ernesto Laclau “La razón populista” es una clara muestra de cómo se construye una mitología política. Si lo que encontramos frecuentemente en el campo del pensamiento político, son descripciones de las distintas formas en las que se configura el ejercicio del poder social y político así como la lucha por conquistarlo, incluido el fenómeno populista, en Laclau , no sólo se trata de una descripción, ciertamente abstrusa, sino de una vindicación de esa forma de construcción política.

Maquiavelo se preguntaba en la dedicatoria de “El Príncipe” a Lorenzo de Médici:“. Desearía, sin embargo, que no se considerara como presunción reprensible en un hombre de condición inferior, y aun baja, si se quiere, la audacia de discurrir sobre la gobernación de los príncipes y aspirar a darles reglas. Los pintores que van a dibujar un paisaje deben estar en las montañas, para que los valles se descubran a sus miradas de un modo claro, distinto, completo y perfecto. Pero también ocurre que únicamente desde el fondo de los valles pueden ver las montañas bien y en toda su extensión. En la política sucede algo semejante. Si, para conocer la naturaleza de las naciones, se requiere ser príncipe, para conocer la de los principados conviene vivir entre el pueblo “

Creo que muchos intelectuales no habitan ni .en los valles ni en las alturas, sino en el campo de las puras ideas, en una dimensión meramente especulativa, de ahí que en reiteradas ocasiones se convierta en malabaristas de la abstracción.

En el año 1932 la Sociedad de Naciones encomienda a Albert Eintein a analizar un tema libremente elegido, con una persona de su elección. El eminente físico se plantea como problema, acuciante para la civilización en esa época, y devastador en el curso de la historia humana: ¿Hay una manera de liberar a los seres humanos de la fatalidad de la guerra?

Einstein elige como su interlocutor a alguien con experiencia en temas psicológicos para que juntos puedan encontrar una posible respuesta a ese flagelo. La persona elegida fue Sigmund Freud.

Nos basta por el momento citar una de los interrogantes planteados por Einstein: ¿Cómo es posible que una minoría pueda poner a los pueblos al servicio de sus deseos, si éste en el c aso de una guerra, sólo obtendrán sufrimiento y muerte? ; ¿Es posible dirigir el desarrollo psíquico de los seres humanos de tal manera que se vuelvan más resistentes a la psicosis del odio y la destrucción? Y agrega Einstein “De acuerdo a mi experiencia son sobre todo los denominados intelectuales los que sucumbe con mayor facilidad a las funestas sugestiones colectivas, puesto que no acostumbran tener un contacto directo con la realidad, sino que lo experimentan por medio de su forma más cómoda y cabal, la del papel impreso” (“¿Porqué la Guerra?” Albert Einstein y Sigmund Freud Ed. Minúscula-Barcelona)

Sin duda, Ernesto Laclau encaja perfectamente en esa descripción.

Durante la revolución cultural china, muchos intelectuales franceses “mandarines ahítos de cultura” se dejaron tentar por la irreacionalidad. Las páginas de la revista china “Pekín Informa” se llenaban de confesiones, autocríticas y autoflagelaciones, por haber leido textos de los traidores a la revolución. Un catedrático chino confesaba que escuchando las sinfonías de Beethoven, volvía a experimentar sensaciones burguesas. Y esa lealtad revolucionaria era exaltada por los intelectuales de occidente, subyugados por éste nuevo fenómeno político.

La misma exaltación expresa, respecto al populismo. El autor comienza a interrogarse sobre la lógica de las identidades colectivas, sosteniendo que la unidad del grupo es una articulación de demandas. La categoría pueblo no constituye un hecho histórico sino una relación de agentes sociales, que tiene a construir la unidad del pueblo. Enumeraré algunos supuesto sobre los que se asienta la teoría de Laclau: 1) El populismo es simplemente un modo de hacer política; 2) La realidad dicotómica en un colectivo social es la condición misma de la acción política (Braden o Perón; patria o antipatria, pueblo vs oligarquía o trabajadores vs, patrones) ; 3) La relación masa-líder en términos de representación 4) como precondiciones del populismo subraya la formación de una frontera interna “antagónica” separando el pueblo del poder, y por otra parte una articulación equivalencial de demandas que hace posible el surgimiento del pueblo”

En cuanto a la identidad popular, que se va construyendo en el proceso, requiere ser condensada en torno a algunos significantes (palabras, símbolos ¿mitos?) y al respecto dice Laclau: “Si me refiero a un conjunto de agravios sociales, a la injusticia en general y atribuyo su causa a la oligarquía estoy efectuando dos operaciones interrelacionadas por un lado estoy constituyendo al pueblo al encontrar una identidad común, en un conjunto de reclamos sociales, en su oposición a la oligarquía, por el otro el enemigo deja de ser puramente circunstancial y adquiere dimensiones más globales”

En suma, el populismo es una forma de hacer política despojada de toda connotación ideológica y por lo tanto abierta a cualquier contenido ideológico. Sería, parafraseando al eminente jurista Hans Kelsen, “La teoría Pura del Populismo”. Para ejemplificar esa característica “singular” del populismo Laclau afirma que tanto la larga marcha de Mao Tse Tung, como las movilizaciones políticas de Adhemar de Barros, un político corrupto del Sur de Brasil cuya acción política era puramente clientelista, un intercambio de votos por favores, agregando que si bien hay pocas cosas en común entre ambos proyectos, hay sin embargo populismo en ambos casos y ese elemento común esta dado por la presencia de una dimensión, anticonstitucional, de un desafío a la normalización política, al orden usual de las cosas.

Es evidente que Laclau, no distingue, o no quiere distinguir entre rebeldía y revolución, entre lo que fue un vendaval que sacudió a la humanidad con el sueño de construir una sociedad libre de la explotación del hombre por el hombre, donde fluyera la riqueza como un manantial, dando a cada uno de acuerdo a su capacidad y recibiendo cada uno de acuerdo a su necesidad, y un populismo listo y servido pour epater le bourgeois.

En ese marco el populismo de Laclau no sería, en los hechos, más que un pobre intento de imaginar una épica liberadora, un desarrollo del movimiento nacional y popular en el seno del sistema capitalista.

En una entrevista concedida por Laclau al diario Uno de Mendoza el 27 de octubre de 2011 ante la pregunta ¿Cómo le explicamos que es el populismo al hombre de a pié?, contestó “El populismo no es una ideología, puede haber populismo de derecha y de izquierda. El populismo es una forma de construcción de lo político que consiste en interpelar a los de abajo frente al poder y dividir el campo social entre las fuerzas de cambio y las conservadoras” En esta especie de de cambalache discepoliano, donde todos se mezclan, lo mismo es Mao, que Mussolini, Perón, Oliveira Salaar, Franco; Chavez, Evo Morales y por que no Hitler? , todo resulta posible.

En estos antojadizos ejemplos, quedaría en pié algo en común, que no es precisamente la lucha de los excluidos contra los conservadores, sino la constitución de un enemigo, y la construcción de la identidad popular por el temor y el odio. La experiencia histórica revela que en períodos de crisis anómicas los pueblos generalmente no se definen por”demandas equivalenciales” sino por la necesidad de orden y sometimiento a una autoridad.

La descripción benévola de la masa que postula Laclau, se funda en algunas extrapolaciones que efectúa del trabajo de Freud “Psicología de las masas y análisis del yo” atacando a su vez el libro de Gustave Le Bon “”Psicología de las multitudes” por contener “una versión extrema del modo como el siglo XIX trató al nuevo fenómeno de la psicología de las masas, como pertenecientes al campo de lo patológico”.

Freud, en la obra citada, donde sólo discrepa con Le Bon sobre cuestiones de valoración psicológica, sostiene que “La multitud es impulsiva, versátil e irritable y se deja guiar exclusivamente por el inconsciente. Los impulsos a los que obedecen pueden ser según las circunstancias, nobles o crueles, heroicos o cobardes, pero siempre tan imperiosos que la personalidad, incluso el instinto de conservación desaparecen ante ellos. La multitud es extraordinariamente influenciable y crédula. Carece de sentido crítico y lo inverosímil no existe para ella. Las multitudes llegan rapidamente al extremo. La sospecha enunciada se transforma ipso facto en indiscutible evidencia. Un principio de antipatía pasa a constituir en segundos un odio feroz. Naturalmente inclinada a todos los excesos la multitud no reacciona sino a estímulos muy intensos. Para influir en ella es inútil argumentar lógicamente. En cambio será preciso presentar imagines de vivos colores y repetir una y otra vez las mismas cosas.

Freud intenta demostrar cómo el destino de las hordas primitivas, sometidas al dominio de un poderoso macho ha dejado huellas imborrables en la historia hereditaria de la humanidad.

“Las masas humanas nos muestran nuevamente el cuadro ya conocido del individuo dotado de un poder extraordinario, dominando a multitud de individuos iguales entre sí”

En última instancia, las encarnizadas batallas libradas por lo hombres, en el curso de la historia, tuvieron como objetivo limitar ese “poder extraordinario” y perseguir, sin demasiados éxitos, la vigencia de la justicia, no como categoría filosófica, sino para los hombres comunes, para los desvalidos y los marginados. Y es precisamente en esa lucha donde se plantea la relación entre violencia y derecho, mas allá de la ambigüedad de este último, pues su génesis se encuentra en un acto de violencia originaria, capaz de imponer validamente una regla. La monopolización de la violencia por parte de la comunidad es un ciertamente un avance sobre la violencia individual, aunque también puede resultar absolutamente parcial e inequitativa. En otras palabras, la violencia pareciera consubstancial a los conflictos humanos. Pero ese aserto no puede invalidar todos los intentos sociales de distribuir ese “poder extraordinario” para que no quede concentrado en un jefe, un líder, un führer, un duce, un gran timonel o un “faro luminoso de la humanidad” como gustaban nominar a Stalin los informes de los Congresos del Partido Comunista de la Unión Soviética.

El esquema teórico del populismo que plantea Laclau en su citado trabajo, adquiere cuerpo y vida en los múltiples reportajes, entrevistas y conferencia que concedió y dictó. En una entrevista publicada por diario Página 12 el 17 de mayo de 2010 Laclau manifiesta entre otros cosas que “En América latina creo que vamos a tener relímese presidencialistas fuertes como una posibilidad de cambio, porque cualquier régimen que sea una democracia diluida en una pluralidad de fracciones es incapaz de cumplir los compromisos. Todo régimen político democrático esta en un punto intermedio entre el institucionalismo puro que sería la parlamentarización del poder y el populismo puro que sería la concentración del poder en manos de un líder…pero en América latina, más que en Europa, el momento presidencialista, el momento populista, va a ser más fuerte que el otro (el institucionalista)”. Esto último significa que viviremos en un populismo puro con la concentración del poder en un líder, exaltando de ese modo un nuevo retroceso en la lucha por evitarlo.

Kart Loewenstein en su obra “Teoría de la Constitución” (ed. Abril-Barcelona l979) al referirse al poder como la infraestructura dinámica de las instituciones socio políticas y las técnicas concretas para ejercer el poder político menciona una de esas formas, que denomina el neo-presidencialismo y al respecto dice: “El régimen autoritario de Napoleón fue en su tiempo una configuración única de poder que por lo menos en su período inicial unió la apariencia de una constitucionalidad democrática con una jerarquía estricta en la estructura de poder de mando. Este régimen estaba destinado a desaparecer con su creador. Sin embargo el gobierno napoleónico ha ofrecido a posteriores regímenes autoritarios el modelo para monopolizar la decisión política y su ejecución, sin someterse a controles políticos efectivos y llevándose a cabo este ejercicio de poder, bajo la apariencia de una legitimación democrática.

Muchos se preguntarán porque se incursiona en la psicología en un trabajo de reflexión política. Advierte con acierto Loeweinstein que el poder político, como todo poder, puede ser observado, explicado y valorado en sus manifestaciones, pero no se puede definir su substancia. Eso justificaría, para el constitucionalista, una cratología, una ciencia del poder en la que se legitima tanto el estudio de la psicología colectiva como la individual. El antagonismo amigo-enemigo, elemento infraestructural de la teoría populista de Laclau, se sostiene sobre sentimientos elementales, miedo, odio, desprecio, autoafirmación, entre otros, las más de las veces muchas veces alentado y exaltado por los ideólogos del sistema.

¿Cuántos insignificantes y mediocres alemanes de clase media, se sintieron “jefes” por “ser” superiores a los judíos y otras “razas inferiores”?. ¿Cuantos labriegos blancos de los pantanos del sur del Mississipi , odiando y sintiéndose superiores al negro, pudieron relegar la pobreza que los carcomía?

La antinomia amigo-enemigo como recurso funcional a la construcción política puede transformarse de una mera postulación teórica, inofensiva en su origen en sangrientas guerras y horrorosos genocidios, cuando estallan crisis terminales.

Pero Laclau, no sólo teoriza, sino que al descender en nuestro país consagra su connubio ideológico con el gobierno actual y su modelo.

En las múltiples entrevistas, conferencias y reportajes otorgados por Laclau, éste desarrolla sus ideas políticas básicas: “El pluralismo de se da a nivel de las bases democráticas, que no necesariamente coincide con el pluralismo parlamentario, en tanto éste último esta basado en formas clientelísticas en la elección de diputados y senadores y muchas veces puede tratar de interrumpir la relación populista entre masa y líder” y continúa: “En el centro izquierda la la única opción es el kirschnerismo…Si el centro de derecha gana las próximas elecciones en ese caso las fuerzas del statu quo habrán predominado sobre las fuerzas del cambio, que han sido representadas por el kirschnerismo”.

Laclau enfrenta, como formas antagónicas, el parlamento, y las instituciones en general como nidos de clientelismo y representantes de intereses antipopulares que tienden a quebrar la relación líder-masa. No hubo en la historia un solo régimen totalitario que no haya sostenido los mismos argumentos. Desde el nazismo que incendió el Reichtag (parlamento alemán) el 27 de febrero de 1933 al poco tiempo de asumir Hitler como canciller del Reich, hasta todo los golpes de estado en nuestro país o en países de nuestra América del Sed, que sin llegar a ese extremo de locura, clausuró los parlamentos para terminar de una vez por todas con una partidocracia parásita y corrupta.

Las instituciones políticas, que nacieron como resultado de largas batallas históricas contra el absolutismo, son como todas las obras humanas cambiantes y padecen la acción del tiempo. Pero la finalidad perseguida por aquellas, cualquiera sea su forma es contener y limitar el poder incontrolado.

Debiera preguntarse Laclau, en que devinieron los vendavales revolucionarios del siglo pasado, que convocaron las adhesiones del proletariado mundial y la devoción de los más grandes artistas e intelectuales de todos los confines de la tierra: la gran revolución rusa terminó después de casi setenta años en un capitalismo mafioso, hoy tratando de depurarlo. En China, en el año 1979 Deng Xiaping, líder del Partido Comunista Chino comienza la transformación económica en ese gran país y la transición al capitalismo justificado con su famoso epigrama: “no importa el color del gato sino que sepa cazar ratones”, convirtiendo a China en la gran potencia política y económica que es hoy. Vietnam,el gran vencedor de los EE.UU, siguió los paso de China, la Yugoeslavia de Tito se fraccionó en innumerables estados, enfrentados en feroces guerras y genocidios, a raíz de lo cual un viejo dirigente comunista, Milosevic, resultó acusado y juzgado de genocidio, el Reich de los mil años, que produjo el mayor genocidio de la historia, se derrumbó en las cenizas de Berlín. Las luchas anticoloniales del Africa, terminaron el genocidios tribales y en una miseria de horror. La batalla de Argelia por su independencia y sus aspiraciones socialistas terminaron en un régimen religioso fundamentalista. Anta estos cambios gigantescos y una transformación del equilibrio mundial, que Laclau reivindique el populismo como la única garantía de democracia me hace recordar a la convocatoria de Azul y Blanco, vieja revista del nacionalismo catolicismo, a una misa en homenaje a Luis XVI.

Esta desolada realidad mundial, cuyo futuro no lo podemos aprehender con nuestros viejos esquemas conceptuales consecuencia de la implosión de experiencias políticas basadas en los sueños de un mundo más justo, dejó a nuestro intelectuales, a nuestro “progresismo” de izquierda sin discurso, huérfana de de “megarelatos”, y se arrojó hambrienta sobre las migajas arrojadas por la mitología populista y sus anacrónicos antagonismos: oligarquía – pueblo y antipueblo, nacionalismo popular versus liberalismo, Rosa contra Sarmiento, antiguas artesanías del interior del país contra revolución industrial.

Se puede decir de Laclau, como de muchos de nuestros intelectuales, parafraseando a Borges,que son pensadores que nunca permitirán que la realidad interfiera en su pensamiento.

Deja un Comentario

Los campos requeridos estan marcados con *