Visita a Banteay Srei, por Daniel Samoilovich*

La primera ruina que visitamos hoy es Banteay Srei, a 20 Km.: una hora de ruta. En el camino pasamos por poblados con sus escuelas de color terracota y blanco, chicos jugando en el recreo. Es una generación que no vivió los horrores de la guerra civil. Los letreros indican que algunas de ellas están mantenidas por gobiernos extranjeros. Moth nos dice que la enseñanza es pública, pero como los maestros ganan poco, cada niño debe pagar una suma diaria. No es mucho, apenas para comprar caramelos, pero entre todos es algo. Si un niño es muy pobre, el maestro, que conoce la situación de las familias, no le cobra.

 

Pasamos cabañas humildes entre arrozales. La mayoría no tiene electricidad. Algunas alcanzan a tener agua potable por donación de familias extranjeras. Sus nombres figuran al frente, bien americano. Las mejor construidas tienen antena satelital, al lado una casita para los espíritus protectores.

 

Todas las casas están sobre pilares de madera. “Es por las inundaciones y los animales salvajes; tigres, elefantes, jabalíes. Pero ahora no hay más; huyeron cuando la guerra civil!”

 

Trece años duraron las confrontaciones que siguieron a la caída del régimen de Pol Pot. Pero el Khmer Rojo siguió dominando en las zonas rurales, como Siem Reap, donde estamos, y en la frontera con Tailandia. En este periodo, Camboya se convierte en el país con más minas del mundo. Primero son los vietnamitas, apoyados por los rusos y el Partido Popular de Camboya, del actual primer ministro. Luego son los Khmeres Rojos, los que con apoyo de China, USA y Tailandia, reclutan miles de obreros o campesinos para siembrar los arrozales de minas. Desde 1992, firma de la paz en Paris, fueron retiradas de una superficie de 500 km cuadrados más de un millón de minas y todavía quedan otro tanto de terreno minado, sobre todo en la frontera con Tailandia. Se calcula que quitarlas llevará hasta el 2020.

Junto con Afganistán y Angola, Camboya sigue siendo uno de los países mas minados del mundo. El CMAC (Cambodian Mine Action Centre) exporta su experiencia a otras zonas en conflicto. Nunca imagine semejante servicio de exportación. Por este trabajo, un soldado que anualmente cobra 400 dolares por año pasa a cobrar 1.000 por mes.

 

Banteai Srei es un templo cubierto en su casi totalidad de bajorrelieves, monumentales y delicados a la vez. Su nombre significa ”ciudad de las mujeres” o ciudad de la belleza”. Por intentar sacar ilegalmente del país 4 bloques con bajorrelieves de bailarinas, las apsaras mitológicas que emergen de la espuma, en 1923 André Malraux emprendió una expedición que lo llevó a la selva camboyana y, durante un año, a una cárcel en Phnom Pnemh. La historia me parece apasionante.

 

Maltaux tiene 24 años, y esta recién casado con Clara Goldschmidt. Pierden dinero en la bolsa, una renta que les permitía ejercer una refinada diletancia. Malraux la convence de que hay muchos templos inexplorados en la zona de Angkor, y que vendiendo algunas piezas a un coleccionista americano podrán vivir bien un par de años. Unos días después de embarcar rumbo a Camboya vía Vietnam, con un permiso oficial para “explorar” los templos (ambos países estaban bajo protectorado francés), el rey de Camboya promulga una ley para proteger el patrimonio artístico. Malraux no desiste en sus planes, continua a Siem Reap y de allí, con carretas, bueyes y un guía, hacia el templo de Banteai Srei que conocía por la lectura de los arqueólogos franceses que la redescubrieron y exploraron. La distancia que recorremos en una hora le lleva dos días.

 

Regresan desde Siem Reap por el Mekong con el trofeo y al llegar a Phnom Pnem, denunciado por el guía que tenía el encargo de vigilarlo, las autoridades de protectorado los detienen. El juicio toma varios meses y Clara viaja a Paris para pedir el apoyo de los intelectuales franceses, quienes piden clemencia para el culpable. Malraux apenas había publicado, pero ya era conocido.

Triple paradoja.

 

Curioso comienzo para quien termino siendo el primer Ministro de Asuntos Culturales con De Gaulle durante diez años.

 

Dos, estando preso se forma una idea crítica del dominio francés en Indochina y ayuda a fundar la Joven Annam, movimiento nacionalista precursor del Viet Minh, en el origen del movimiento independentista vietnamita. Necesidad de auto justificarse por su pillaje?

Y tres, recibe un contrato de Bernard Grasset para publicar sus próximos tres libros. Su sustento esta asegurado de otra forma que la imaginada. El tercero de estos libros será ‘La Voie Royale’. Publicado 6 años después de su aventura, es ampliamente autobiográfico.

 

 

Llevo ‘La Voie Royale’ en mi mochila. Alli Malraux se interroga sobre la fascinación que ejercen sobre nosotros las obras de arte, aun habiendo sido ejecutadas en un contexto tan distante del nuestro. También sobre el sentido ultimo de la aventura y sobre la coexistencia de los nuevos mitos con los del pasado. Es cierto: en los templos camboyanos y de Tailandia el pasado y el presente coexisten de forma intrincada. Lo que vemos en las piedras, se replica en las creencias de la gente. El budismo coexiste con el animismo hinduista. La epopeya hindú del Ramayana, esta pintada en los muros de Palacio Real de Bangkok, esculpida en los frisos de Angkor, y da argumento a las danzas populares que cuentan una y otra vez la lucha de Rama vs Ravana, o del bien contra el mal.

 

En Banteai Srei nos esperan las tropas de turistas. Nunca vi un mosaico tan amplio de pueblos asiáticos. Son los principales turistas en Camboya. Empiezo a distinguirlos: coreanos, japoneses, vietnamitas, chinos, thai, … Mientras escucho las explicaciones de Moth, pienso en el turismo que hoy da de comer al 95% de la población de Siem Reap. Esta lejos la época de los aventureros inescrupulosos y de los sabios exploradores de las primeras décadas del siglo XX. Ambos son remplazados por el empresario de turismo o el militante ecológico. Es una época menos azarosa, tal vez mas aburrida, pero bienvenido sea el comercio que, como decía Montesquieu, dulcifica las costumbres y apacigua los ánimos.

 

Bueno, casi siempre. Tailandia y Camboya están en conflicto por el templo de  Preah Vihear en la frontera. Una comisión internacional determino que se encuentra en terreno camboyano, pero la escalera que conduce al templo esta en terreno Thai. El enfrentamiento es por una zona de un enorme potencial turístico desde que en 2008 la UNESCO la declaro patrimonio de la humanidad.

 

Este país, me digo, no precisa una guerra. Lo mismo me dice Samnang, la empleada de la boutique del hotel que amablemente me presta un libro de historia camboyana para tratar de desenredar la madeja. Es hija de soldado. Tiene 31 años. Cuando niña, debía esconderse con otras familias durante la razzias periódicas de los khmeres rojos en Siem Reap porque su padre luchaba en las filas enemigas. Ahora esta estacionado en la frontera con Tailandia, por fortuna en la frontera con Laos, lo que le da una cierta seguridad, ya que los Thai no arriesgaran un conflicto con dos vecinos. ‘Mi padre esta cansado de ser soldado, pero con 58 años no sabe hacer otra cosa”.

 

El contraste entre Tailandia y Camboya no puede ser mayor. Tailandia es el único país del sudeste asiático que nunca estuvo dominado por una potencia europea; Camboya ha sido pisoteada por todos. Cuesta trabajo imaginar que los simpáticos, amables, corteses y gentiles camboyanos han sido protagonistas de tanta monstruosidad. Y sin embargo …

 

 

*www.ahoraeducacion.com

Deja un Comentario

Los campos requeridos estan marcados con *