El secreto de la inmortalidad, por Biljana Gogic, Andreas Neuhaus y Valeria Risi*

Un pequeño ser, de apariencia insignificante, hace realidad el sueño más añorado de la humanidad. Este ser “inmortal” es la hidra, un pólipo de agua dulce. Su truco consiste en renovar continuamente su cuerpo entero.

Brigitte Galliot es bióloga molecular en la Universidad de Ginebra y está encantada con su objeto de investigación: los pólipos de agua dulce, también conocidos como hidras. Estos diminutos animalitos viven en estanques, ríos y lagos, posados sobre hojas y tallos.

En Europa existen cinco tipos distintos de estos habitantes acuáticos. Se alimentan de animales acuáticos minúsculos. Bajo el microscopio se pueden reconocer las características tan particulares de estos seres: una cabeza dotada de tentáculos y un cuerpo que el animal contrae y estira continuamente.

Sobreviviendo en el agua

Para la científica lo más fascinante es que el pólipo renueva su cuerpo constantemente: “la hidra parece no envejecer nunca. Pero al mismo tiempo puede reproducirse sin cesar.” La reproducción es asexuada, alcanza con que el animal encuentre suficiente alimento para que al cuerpo paternal le crezca un pólipo bebé, “como un capullo”, explica Brigitte Galliot.

Matusalén en el laboratorio

En el laboratorio de Brigitte Galliot se limpian todos los días los pólipos de agua dulce con un chorro de agua, para liberarlos así de restos de comida y excrementos. Este proceso es imprescindible para que los científicos puedan luego revisar y analizar a los animalitos. El laboratorio de Galliot está lleno de culturas de pólipos. Algunos de ellos se alimentan de algas. Lo que hace que los animalitos, que por lo general son incoloros, se vuelvan verdes. Mientras que los que comen gambas son de color rosado. Galliot intenta descubrir cómo estos pequeños seres logran mantener su cuerpo siempre joven. La científica detectó que la hidra puede reemplazar cada parte de su cuerpo, sin importar cuál sea, en un lapso de dos a cuatro días.

Naturaleza mágica

Para poder observar el proceso de regeneración, Galliot corta el cuerpo de la hidra en dos, a la altura del vientre. La especialista descubrió así un mecanismo que se encarga de convertir al animal mutilado en dos pólipos completamente nuevos.

“Al diseccionar la hidra por la mitad, se desata una muerte celular masiva”, dice la científica. “Es decir, que muere la mitad de las células de la capa superior. Cuando mueren las células envían una señal a las células aledañas. Esta es la señal clave en el proceso regenerativo.” Las células aledañas podrían leer este mensaje e impulsar la producción rápida de las nuevas células, necesarias para reemplazar las partes del cuerpo faltantes.

El pólipo inmortal – ¿un ejemplo para la humanidad?

Si bien la bióloga molecular se dedica a la investigación básica, está convencida de que sus descubrimientos serán útiles en algún momento para los humanos. Y es que el pólipo y el ser humano tienen genes similares. Aunque tratándose de enfermedades hay diferencias. La hidra, por ejemplo, no se enferma de cáncer. Brigitte Galliot quiere descubrir por qué no. La científica está segura de que el estudio de este animal tan particular puede aportar conocimientos importantes sobre enfermedades y el proceso de envejecimiento en el ser humano.

*www.dw-world.de/dw

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