Siete de cada 10 alumnos de la Ciudad estudiarán en la UBA, por Pablo Sigal*

La UBA se dobla, pero no se rompe. El lema es remanido pero se aplica a la universidad más grande del país: pese a los conflictos que atravesó en los últimos años, sigue al tope de las preferencias de los estudiantes secundarios porteños. “Pensá en grande”, un programa de orientación vocacional telefónica impulsado por el Ministerio de Educación de la Ciudad, que atendió a más de 12.500 adolescentes de cuarto y quinto año, reveló que casi 7 de cada 10 de estos jóvenes elegirá la Universidad de Buenos Aires para continuar con su formación.

Diversidad de oferta, cercanía, prestigio y gratuidad figuran entre los principales motivos que esgrimen los alumnos. Pero si bien la entrada es gratis, la salida… La mitad abandona en el primer año de la carrera y sólo el 20% se recibe en tiempo y forma.

¿Por qué son tantos, igual, los que siguen eligiendo la UBA? “El título pesa mucho, es muy importante y muy bien visto”, dice Carolina Martínez, seleccionadora de personal de la consultora CIMTA. “El hecho de que la UBA no esté tan organizada como las universidades privadas hace que el alumno que se recibe ahí tenga un plus por sobre el resto. Es decir, se banca horarios irregulares, tiene más tolerancia a la frustración y mayor constancia, todas cualidades que en una privada no se desarrollan porque la fórmula que ofrecen es más de la de un secundario”.

La mayoría de las empresas prefieren egresados de la UBA cuando necesitan médicos, psicólogos o administradores de empresas. Hay universidades privadas que pueden competir en algunos terrenos como el del marketing. Las ciencias duras son también, en Capital Federal, territorio casi exclusivo de la Universidad de Buenos Aires.

Según el relevamiento porteño, el 17% elige medicina y le siguen: contador público (14%), enfermería (13%), ingeniería en sistemas (12%), psicología (12%) y abogacía (12%), entre otras carreras.

“Las privadas no pueden competir con la UBA por la formación general. Los chicos desarrollan otra personalidad para enfrentar dificultades. En las instituciones privadas tiene menos peso la iniciativa individual”, dice Abraham Gak, un hombre de la UBA que pasó por la docencia secundaria y universitaria (durante 14 años se desempeñó como rector del Carlos Pellegrini).

A la par de estas cualidades históricas, que pese al deterioro educativo del país perduran, la UBA ha atravesado en los últimos años tomas de sedes por edificios en mal estado, paros docentes y conflictos políticos. “Puede ser que estos problemas hayan expulsado a algunos estudiantes, pero el número no es representativo”, opina Itaí Hagman, presidente de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA). “Creo que el que va a la UBA sabe que estas situaciones son parte del sistema y en ese punto el conflicto es un elemento más de la universidad pública”.

En el mismo sentido, Gak opina: “El conflicto es positivo. Forma a los estudiantes y los hace sentirse personas. Los obliga a pensar y a discutir. En las privadas, el modelo es más el de un objeto que es educado”. Hagman, por su parte, reconoce: “Criticamos mucho las políticas de la UBA, pero mantiene un nivel muy superior al de las privadas en calidad de docentes y reconocimiento del título”.

¿Y cuán importante es el hecho de que sea gratuita? “El clave, porque son pocos los que pueden pagarse una carrera universitaria”, señala Hagman. Gak agrega: “La gratuidad es igualdad de oportunidades. Para que haya un cambio real en la sociedad, es imprescindible que los sectores postergados accedan a la universidad”.

*www.clarin.com

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