Un puente en Arroyo Verde, por Oscar Taffetani*

Un puente en Arroyo Verde, por Oscar Taffetani*

En la segunda posguerra, cuando la ingeniería del horror aplicada en Auschwitz mostró los efectos devastadores que puede tener esa Razón que desoye el suspiro de la criatura humana, un puñado de jóvenes sociólogos y arquitectos europeos nucleados en el Team 10 y en el Movimiento Situacionista se lanzaron a recuperar el eslabón humano perdido en algún punto de la civilización científico-técnica.

Se trataba, para decirlo en términos sencillos, de bajar a los profesionales y técnicos de cualquier altura irreal o no-humana a la que se hubieran subido.

Un alumno del Team 10, cuenta la leyenda, puesto a diseñar una plaza pública de Londres, decidió cubrir totalmente la superficie con una verde gramilla y esperar a que los mismos usuarios de esa plaza, con sus idas, sus vueltas y sus rutinas, fueran marcando los senderos.

Cumplida esa etapa, con la marcación que la vida real había hecho sobre el terreno, el urbanista terminó de diseñar la plaza.

Así como el musgo se extiende en la corteza del árbol que no es azotada por el viento; así como un aromo es capaz de crecer en la raja de una piedra (la imagen es de Don Ata), el pueblo construye incesante, sobre los bombardeos y las ruinas, sobre las políticas y planificaciones que le caen sobre sus espaldas, nuevas e insospechadas formas de la vida.

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